-“¿Qué es el alma?”
La voz de Mihaela, hueca y distante, un eco mecánico y magnético. Las bobinas se paran con un chasquido plástico.
El Joven Inspector se queja para sus adentros “¡Hoy en día todo el mundo graba con .mp3, debemos ser los únicos que utilizan micro-casetes!”
El Joven Inspector deja la grabadora está sobre la mesa, una isla habitada por papeles, informes, grotescas fotografías y colillas convertidas en reliquias de arduas noches de trabajo.
-“Esta noche tampoco duermo”- murmulla
La grabación continua mientras El Joven Inspector toma notas en su cuaderno. Lleva utilizándolo desde que se graduó; la fotografía del fin de semana con Julia en Salamanca continúa plastificada en la mitad. Nunca ha sido capaz de desprenderse de ella.
Mihaela continúa con su exposición. Una voz artificial y tosca que contrasta con su hermoso e imposible acento alicantino.
-“El alma es un brillo, una luz… Ionne brillaba como una estrella. Cuando entraba en la habitación o sonreía todo parecía que iba a salir bien, todo resultaba cómodo. Era tan feliz, tenía lo que siempre quiso…
(PAUSA: un silencio elocuente…)
…pero tras la muerte de Nicolae se quedó vacía, inerte, como una fotocopia saturada y difusa de sí misma.
Cuando bailaba en el bar o cuando estaba con los clientes, no era ella. Pero lo peor de todo llegó con Juan Felipe. Él es su verdadero asesino.
(PAUSA: Mihaela bebe agua. El Joven Inspector recuerda las lágrimas de la entrevistada. Una mujer rumana de veintidós años con la mirada y la sabiduría de quien ya lo ha vivido todo)
Ese hombre la compró, la puso en su casa y la envolvió en su caja de celofán y cartón como una muñeca de coleccionista. Pero de vez en cuando la visitaba. Ionne me llamaba cada vez que él se marchaba para contarme las cosas que la decía, las cosas que la obligaba a hacer… Cada día consumía, más y más drogas: legales, ilegales, dulces y amargas, su colección no tenía fin... Era adicta a su propia soledad, hasta que un buen día se intoxicó de dolor.
Me llamó. Juan Felipe se había marchado ya a su casa y me dijo: “Mihaela, hace tres años que yo ya estoy muerta” su voz estaba apagada, somnolienta… “Adiós y gracias por haberme destruido tú también”
Luego se calló. Un silencio largo que dura hasta hoy y durará siempre”
El Joven Inspector vuelve a parar la grabadora. Sabe que nada de lo que ha visto y nada de lo que ha estudiado le puede preparar para la dura y áspera realidad de la vida. Los informes son concluyentes, las declaraciones de los testigos concuerdan. Todo encaja como un gran puzle lógico y perverso: Ionne se quitó la vida.Un cóctel mortífero de drogas, barbitúricos y alcohol, un estado de zozobra tal que la llevó a auto-infringirse heridas en la garganta utilizando las punzantes esquirlas de un cisne de cristal.
El Joven Inspector cierra su cuaderno. Tal vez llame a Julia, tiene tantas cosas de las que hablar…

